sábado, 30 de octubre de 2010

"Palabra Viva", Recopilación de textos de escritoras y escritores desaparecidos durante la dictadura militar argentina.

Quisiera que me recuerden

JOAQUIN ENRIQUE ARETA (*)

Quisiera que me recuerden sin llorar
ni lamentarme
quisiera que me recuerden por haber hecho caminos
por haber marcado un rumbo
porque emocioné su alma
porque se sintieron queridos, protegidos y ayudados
porque interpreté sus ansias
porque canalicé su amor.

Quisiera que me recuerden junto a la risa de los felices
la seguridad de los justos
el sufrimiento de los humildes.
Quisiera que me recuerden con piedad por mis errores
con comprensión por mis debilidades
con cariño por mis virtudes,
si no es así, prefiero el olvido, que será el más duro castigo por no cumplir mi deber de hombre.


La obra Palabra Viva es una recopilación de textos de escritoras y escritores desaparecidos durante la dictadura militar. Contiene textos de 71 de esos autores y de 32 solo se publican datos biográficos porque ha sido imposible hasta el momento encontrar sus textos.

La Sociedad de Escritores y Escritoras de la Argentina -SEA- realizó un trabajo de tres años para recopilar los textos y las biografías de las escritoras y . La CONABIP apoyó la sitematización realizada por la SEA y colaboró con la edición.


(*) Poeta y trabajador correntino desaparecido el 29/6/78

Fuente: diariodigitalglobal.com.ar

Ver: Néstor y su mensaje eterno

Sobre el sentido del fuego. El hombre y la llama de su ser.

Eduardo Galeano: "Néstor Kirchner será un fuego difícil de apagar"

Consultado sobre la desaparición física de Kirchner, Galeano señaló que "según me dijeron en la costa colombiana, un hombre viejo, pobre, pescador negro pudo subir al alto cielo y desde el alto cielo vio la tierra".

"A la vuelta contó y dijo que los humanitos somos un mar de fuegos, hay fuegos grandes, fuegos chicos y fuegos de todos los colores".

"Ningún fuego es igual a otro fuego. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman, pero otros fuegos arden la vida con tantas ganas que no se pueden mirar sin parpadear y quien se acerca se enciende".

"Néstor Kirchner fue uno de esos fuegos y será difícil apagarlo".

lunes, 11 de octubre de 2010

Entrevista al pintor Fernando de Szyszlo, el mejor amigo de Mario Vargas Llosa.


“MVLL tiene la capacidad de ver el bien y el mal”

Por: Mariella Balbi

La Academia Sueca le otorgó el Nobel de Literatura a Mario Vargas Llosa (MVLL) por su “cartografía de las estructuras del poder y sus mordaces imágenes de la resistencia individual, la revuelta y la derrota”. ¿Es una buena síntesis?

Es una definición enrevesada y barroca, pero la comparto. No me gusta la palabra cartografía, no veo su relación con la literatura. Tal vez hay un problema de traducción.

De cualquier forma, MVLL explora en sus novelas y ensayos las estructuras del poder.

Sin duda. Y le interesa mucho mostrar al individuo frente al poder. Los libros que más me gustan de la obra de Mario son los que hablan de la orfandad del individuo frente a la sociedad, que es Varguitas en “La ciudad y los perros”, escribe poemas y cartas para sus amigos y les cobra, además es verdad. También “La guerra del fin del mundo”. José Miguel Oviedo, que ha leído “El sueño del celta”, dice que es el mejor libro que ha escrito Mario. Ahora Oviedo se suele exaltar [ríe]. Al releer “La ciudad y los perros” encuentro que es impresionante, lo escribió a los 26 años, la manera de narrar es ‘faulkneriana’ y, sin duda, el Jaguar es un personaje tremendo. La maldad humana está muy bien retratada, pero a la vez de manera muy natural. Relata cosas que uno no está acostumbrado a leer, desnuda a los personajes.

¿“La guerra del fin del mundo” es una metáfora de la fuerza de las ideas? Antonio Conselheiro es de una consecuencia demencial.

Es un personaje increíble, tenaz, fuerte, capaz de concitar adhesiones totales. En la exposición sobre Mario que se hizo acá y se llevó a París yo escribí una carta de elogio que resume lo que pienso y siento por él. Admiro su coherencia, su coraje, la falta de flexibilidad en sus ideas fundamentales. No porque sea una persona anquilosada, que al encontrar una cosa ya no se mueve de ahí, uno ve que en su vida su manera de pensar ha ido cambiando. Está viendo una luz diferente, pero con la misma convicción. Algo fundamental en el pensamiento de Mario es su desengaño de Sartre. Estaba fascinado con él, pero cuando vio su rigidez, su comunismo tan inamovible, se orientó hacia Malraux, hacia el humanismo. Sin aspavientos, Mario tiene la capacidad de ver el bien y el mal, es un escritor de instinto moral, es como Gide, Camus. Lo que cuenta es el criterio moral. Si te das cuenta, Mario no ha dicho nunca algo que no sienta, ni aun cuando no le convenía. En la campaña del 90 dijo que la clase media debía pagar un poquito por la educación para mejorarla, lo que le costó muchos puntos. En México, dijo que el PRI era una dictadura perfecta y hace poco cuando fue a Venezuela le dijeron que no podía dar opiniones políticas. Le respondió al funcionario: No puedo creer que en la tierra de Bolívar, libertador de América, se me diga qué puedo decir y qué no. Luego Chávez anunció que debatiría con él y cuando Mario aceptó, desistió y quiso mandar a sus asesores.

Usted, que es su buen amigo, ¿cómo concilia MVLL su mirada política del mundo, basada en la ética y los valores, con la capacidad para conmover con su fantasía literaria a lectores de todo el mundo?

Y a gente que no comparte siquiera sus ideas. Acá en el Perú el regocijo ha sido unánime, salvo el fujimorismo, pero no lo ha manifestado. El cardenal Cipriani dijo que no había leído ninguna novela de Mario porque tenía la impresión de que era un poco escabroso. Igual dijo Fujimori, que el único libro que leyó, “El elogio de la madrastra”, le pareció pornográfico. Mario es un talento innato, para escribir “La ciudad y los perros” a los 26 años tiene que serlo. Como él dijo alguna vez: “La literatura es fuego”. Y también es una forma de escapar de la precariedad, de la fugacidad de la condición humana.

¿Coinciden con MVLL en gustos literarios?

En mi caso yo soy admirador de Proust y Mario de Flaubert, casi una antípoda. Proust es más introspectivo, es conocerse a sí mismo y a través de ello a los demás. Flaubert quiere participar en la acción. Con Mario hemos conversado de esto, creo que ha cambiado, antes lo encontraba más negativo con relación a Proust, lo veo más sensible hacia este.

¿Y usted está más sensible a Flaubert?

[Ríe] La verdad, sí. “La orgía perpetua”, ese gran ensayo de Mario sobre Flaubert, es muy apreciado por los franceses, a pesar de que ellos son tan nacionalistas en materia de su literatura.

¿Cuántos años mayor que MVLL es usted?

Once años, cuando lo conocí, él tenía 22 y yo 33. Aún no había escrito mucho, solo un cuento que ganó un premio y fue a París por dos semanas. Sebastián Salazar Bondy lo llevó a mi casa porque antes de viajar quería publicar una edición de poemas de César Moro, Mario quería que le hiciera un grabado para la carátula. Ya te imaginas, una publicación de poesía, creo que tenía 25 ejemplares [ríe].

¿Y qué pensó de MVLL en ese momento?

Tuve una química inmediata, si estás en esa onda es muy fácil comunicarse con él. Mi manera de sentir y de pensar las cosas se parecen mucho a las suyas. A veces pienso en algo y cuando hablo con él veo que compartimos la misma posición. Mario se fue a París y regresó para casarse con Patricia, había dejado a la tía Julia, nos volvimos a reunir y comenzó una amistad mucho más regular.

Sin pretensión o huachafería, usted es tal vez el mejor amigo de MVLL.

Soy un buen amigo.

Cuando hicimos el libro con usted, me dijo que sus conversaciones eran políticas, literarias, pero nunca personales.

Nunca de confidencias. Borges decía en un cuento, creo que te lo dije: “Estrechó –el verbo es exagerado– una de esas amistades inglesas que comienzan evitando las confidencias y terminan evitando las palabras”. Seguro es una cuestión personal, una manera de ser, con ‘Cartucho’ Miró Quesada, un amigo muy querido, era igual. Él vivía un drama sentimental, personal en su matrimonio, y yo también, pero jamás cruzamos una palabra sobre ello. Ambos sabíamos lo que le pasaba a cada uno, pero nunca lo conversamos. Lo mismo me pasa con Mario. Es que yo no soy confesional.

¿Qué los une? ¿La pasión por la literatura?

Y el interés por la política.

¿Alguna vez han discrepado?

No. Es decir, al inicio él estaba más a la izquierda, pero después no. A mí me sirvió mucho la experiencia del surrealismo con Octavio Paz, me alejó definitivamente del sectarismo estalinismo. Y Mario pasó por ahí cuando estuvo en San Marcos, con el grupo Cahuide; me parece que el padre de Ollanta Humala tenía algo que ver ahí. Pero nunca discrepamos porque Mario no era sectario, a pesar de haber sido castrista.

¿Diría que los une el profundo respeto por la libertad?

Por la libertad, por el individuo. Quizá yo sea más pesimista, en mí yo siento más la presencia de la muerte que en Mario.

Él dijo en una entrevista que le hice que no temía a la muerte.

Yo no le temo, lo que temo es perder la vida [ríe]. Es que me gusta mucho. A mí me atormenta más el tema, claro que yo soy más viejo, Mario tiene 74 años y yo 85.

Usted acompañó a MVLL en su investigación para la novela “El paraíso en la otra esquina”.

La novela sobre Gauguin tuvo un proceso lindo. Nos encontramos en París. Gauguin siempre me interesó. Un poco yo comencé a pintar cuando leí “La luna y seis peniques”, una biografía disfrazada de Gauguin, porque yo estudiaba arquitectura. Mario me contó que estaba escribiendo esa novela y me dijo que quería ver dónde había vivido Gauguin en Pont Aven, en Bretaña. Él vivía ahí con un grupo de artistas, tenía una personalidad muy fuerte, siempre tenía gente alrededor.

Entre ellos Van Gogh…

Sí. Fuimos a la pensión donde vivía y al puerto de Concarneau. Cuando regresó de su primer viaje a Tahití, Gauguin llegó ahí y se presentó con una javanesa espectacular, se ponía plumas en la cabeza. Unos marineros le hicieron unas bromas insultantes y Gauguin salió a defenderla. Pero se le trabó una pierna en una de las maderas del muelle y se la rompió, quedó para siempre. También fuimos al asilo donde Van Gogh estuvo internado. Mario estaba totalmente documentado, le enseñé un Cristo gótico de donde sale el Cristo amarillo de Gauguin. Esa novela es la búsqueda de un sueño que no existe, un paraíso que Gauguin tuvo cuando estuvo en Lima a los 5 años. Toda su vida recordó cómo pasó de la miseria que vivía en París a una vida de rico durante cinco años. Hay una descripción de cómo iba a misa su madre y Gauguin tenía un ama que cuidaba. Ese paraíso en un mundo primitivo lo persigue toda su vida, fue lo que le hizo ir a Tahití. Lo influyó para siempre; ya adulto y conocido decía: “Yo soy un salvaje peruano”.

¿La especialidad de MVLL son las utopías, los sueños?

Es verdad, la persecución de una utopía. Para escribir “El sueño del celta” Mario se fue al Congo, en el momento de la revolución. Una tribu lo cogió cuando estaba tomando datos y escapó en un grupo de Médicos sin Fronteras. Cada novela tiene una técnica, un estilo diferente, eso es lo asombroso del talento de Mario.

Fuente: Diario El Comercio. Lunes 11 de Octubre del 2010.
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Recomendado:

miércoles, 30 de junio de 2010

Literatura y colonialismo. El "horror histórico" en las tinieblas del Congo belga.

Literatura del terror colonial

Un libro rescata los informes de escritores que combatieron al rey Leopoldo - Vargas Llosa novela la vida del diplomático Casement que denunció la crueldad.
TEREIXA CONSTENLA

Lean esta historia sobre Henry M. Stanley (el de "el doctor Livingstone, supongo"). "En Londres había comprado cierto número de baterías eléctricas que, al fijarlas en el brazo por debajo de la casaca, se comunicaban con una cinta que pasaba por la palma de la mano del hermano blanco, y cuando éste daba al hermano negro un cordial apretón de manos, el hermano negro se quedaba muy sorprendido ante la gran fuerza del hermano blanco, porque lo dejaba tambaleándose con solo darle la mano de la fraternidad. Cuando el nativo preguntaba acerca de la disparidad de fuerza entre su hermano blanco y él, se le decía que el hombre blanco era capaz de arrancar árboles".

Con triquiñuelas similares, Stanley consiguió que jefes africanos firmasen tratados que entregaban su tierra al rey Leopoldo de Bélgica, que había fichado al explorador para poner su pica en el corazón de África. La historia pertenece a la carta abierta al monarca enviada por el coronel George W. Williams en 1890, recogida en el libro La tragedia del Congo, publicado por Ediciones del Viento junto a otros tres documentos inéditos en español sobre el triste pasado colonial del país, firmados por el diplomático Roger Casement y los escritores Arthur Conan Doyle y Mark Twain.

El coronel Williams no era cualquiera. Era negro. Uno de los primeros con poder para influir -fue historiador y el primer parlamentario negro de Ohio- sobre los acontecimientos políticos. Williams viajó al Congo con la intención de llevar negros estadounidenses para trabajar en África y contribuir al desarrollo de sus hermanos. "Cuando comprendió lo que estaba ocurriendo allí, no pudo contenerse y publicó su carta. Se le cerraron las puertas y se le dio la espalda. Falleció prematuramente de tuberculosis, lo que supuso un gran alivio para el Gobierno del Congo", explica el editor Eduardo Riestra.

A pesar del filón literario del Congo, cree Riestra que faltaba letra fría, informes y documentos de la época, como el que suscribió en 1903 el diplomático irlandés Roger Casement, que anota con meticulosidad burocrática chanchullos, tropelías y espantos: "Cuando estaban a punto de sentarse a comer, su marido le dijo que uno de los soldados iba a regresar con una cesta llena de manos cortadas, que había dejado afuera (...). Entonces ella, junto a su marido, salió para ver con sus propios ojos aquellas manos, cuatro de las cuales eran de niños". El informe Casement, escrito en 1903, tardó en difundirse por las presiones belgas. Cuando lo hizo, estaba mutilado y sin nombres propios. El antiimperialista Casement sería ejecutado. De esa vida novelesca dará cuenta la próxima novela de Mario Vargas Llosa.

Recuerda Albert Sánchez Piñol lo que decía Aristóteles: que solo hay 17 temas literarios. "Uno de ellos es el horror, el viaje al corazón de las tinieblas, que diría Conrad". Y Sánchez Piñol, que ya había viajado a un terror insular y viscoso en La piel fría (2003), se aventuró a por otro espanto en Pandora en el Congo (2005), donde se relata la expedición de aristócratas británicos que buscan oro y diamantes y encuentran tinieblas. "Al margen de testigos históricos, Conrad es el primero que establece un vínculo entre literatura y realidad. Lo plantea como un viaje al horror que empieza con la colonización y se perpetúa hasta nuestros días", expone el escritor y antropólogo, que visitó por vez primera el Congo para realizar un trabajo de campo sobre los pigmeos, "los seres más lejanos a nuestra civilización".

Todavía regresaría una segunda vez al país donde coexisten "horror histórico" y alternativas a la civilización actual. Dejó de hacerlo cuando le atrapó la guerra civil: "Algunos cálculos señalan que han fallecido entre tres y cuatro millones de personas".

Joseph Conrad abrió la espita -llevada luego al cine magistralmente por Coppola en Apocalypse now (1979), aunque ambientada en Vietnam- sobre la literatura inspirada en el horror colonial. Y ahí sigue, abierta y fecunda. Bernardo Atxaga eligió el Congo belga para su novela Siete casas en Francia (2009), otro viaje a las tinieblas sin afán aleccionador. "Quizás el tema, o el espacio geográfico, sean lo más superficial del libro; el lenguaje es lo fundamental", sostiene.

Atxaga, alérgico a las modas literarias, buscó el Congo como una geografía imaginaria a la manera de La isla del Tesoro de Robert L. Stevenson. "Necesitaba un lugar alejado, aislado, con un pasado de leyenda. En este caso, la leyenda es la crónica de explotación y crimen. Se puede abordar denunciándolo como Mark Twain o, como si no importara nada, que es lo que yo pretendía en mi novela", cuenta.

El autor vasco alude a El soliloquio del rey Leopoldo, el panfleto escrito por Twain en 1905 para caricaturizar al monarca, que también se ha incluido en el libro de Ediciones del Viento, junto al ensayo El crimen del Congo, escrito en 1909 por Arthur Conan Doyle. El padre de Sherlock Holmes consideraba que lo cometido en el país superaba todas las atrocidades anteriores: "Ha habido expropiaciones como la de Inglaterra por los normandos, o la de Irlanda por los ingleses. Ha habido masacres en pueblos como la de los sudamericanos por los españoles, o de naciones sometidas por los turcos. Pero nunca antes ha habido semejante mezcla de expropiación y masacre absolutas realizada con el odioso disfraz de la filantropía y teniendo por motivo el más vil de los intereses comerciales".

Conan Doyle recordaba que Leopoldo de Bélgica, un monarca constitucional en Europa y "un autócrata absoluto" en África, se había presentado ante las grandes potencias con un "fajo de tratados", obtenidos mediante engaños con pagos tan ridículos como "un abrigo de tela roja con adornos dorados, una gorra roja, una túnica blanca (...), cuatro garrafones de ron, diez cajas de ginebra".


Periodismo y ficción en África

- El corazón de las tinieblas (1902). Joseph Conrad.

- Cuadernos africanos (1999) Península. Alfonso Armada.

- El fantasma del rey Leopoldo (2002). Península. Adam Hochschild.

- Ébano (2003). Anagrama. Ryszard Kapuscinski.

- Pandora en el Congo (2005) Suma. Albert Sánchez Piñol.

- Siete casas en Francia (2009) Alfaguara. Bernardo Atxaga.

Fuente: Diario El País (España).
Madrid - 23/06/2010.

Recomendado:

Leopoldo II y El Colonialismo Belga.

“Roger Casement: Imperialist, rebel, revolutionary” (Imperialista, rebelde, revolucionario).

domingo, 27 de junio de 2010

Ligeia

"...la llamaba por su nombre en voz alta durante el silencio de la noche..."

LIGEIA

... "Es la persona de Ligeia. Era de alta estatura, un poco delgada y, en sus últimos tiempos, casi descarnada. Sería vano intentar la descripción de su majestad, la tranquila soltura de su porte o la inconcebible ligereza y elasticidad de su paso. Entraba y salía como una sombra. Nunca advertía yo su aparición en mi cerrado gabinete de trabajo de no ser por la amada música de su voz dulce, profunda, cuando posaba su mano marmórea sobre mi hombro. Ninguna mujer igualó la belleza de su rostro. Era el esplendor de un sueño de opio, una visión aérea y arrebatadora, más extrañamente divina que las fantasías que revoloteaban en las almas adormecidas de las hijas de Delos"...

Edgar Allan Poe y su lucha contra Azrael.

El viajero y su sombra.


Elogio de la sombra
(J.L. Borges)

La vejez (tal es el nombre que los otros le dan)
puede ser el tiempo de nuestra dicha.
El animal ha muerto o casi ha muerto.
Quedan el hombre y su alma.
Vivo entre formas luminosas y vagas
que no son aún la tiniebla.
Buenos Aires,
que antes se desgarraba en arrabales
hacia la llanura incesante,
ha vuelto a ser la Recoleta, el Retiro,
las borrosas calles del Once
y las precarias casas viejas
que aún llamamos el Sur.
Siempre en mi vida fueron demasiadas las cosas;
Demócrito de Abdera se arrancó los ojos para pensar;
el tiempo ha sido mi Demócrito.
Esta penumbra es lenta y no duele;
fluye por un manso declive
y se parece a la eternidad.
Mis amigos no tienen cara,
las mujeres son lo que fueron hace ya tantos años,
las esquinas pueden ser otras,
no hay letras en las páginas de los libros.
Todo esto debería atemorizarme,
pero es una dulzura, un regreso.
De las generaciones de los textos que hay en la tierra
sólo habré leído unos pocos,
los que sigo leyendo en la memoria,
leyendo y transformando.
Del Sur, del Este, del Oeste, del Norte,
convergen los caminos que me han traído
a mi secreto centro.
Esos caminos fueron ecos y pasos,
mujeres, hombres, agonías, resurrecciones,
días y noches,
entresueños y sueños,
cada ínfimo instante del ayer
y de los ayeres del mundo,
la firme espada del danés y la luna del persa,
los actos de los muertos,
el compartido amor, las palabras,
Emerson y la nieve y tantas cosas.
Ahora puedo olvidarlas. Llego a mi centro,
a mi álgebra y mi clave,
a mi espejo.
Pronto sabré quién soy.

Monsiváis y Bizancio.


"Ingenio rápido, cultura profunda, mirada penetrante, referencia oportuna, melancolía escondida, regocijo siempre". De esta forma describe Carlos Fuentes en este artículo a Carlos Monsiváis, fallecido el pasado día 19. El escritor mexicano rememora la estrecha relación que ambos mantuvieron durante décadas, y sus intereses y amigos comunes.

Mirad: Pasiones de Monsiváis